domingo, 19 de diciembre de 2021

Joseph Francisco de Miranda, quinto Teniente de Justicia Mayor de La Villa de Todos Los Santos de Calabozo. Por Luis Eduardo Viso González

 

«Joseph Francisco de Miranda, quinto Teniente de Justicia Mayor de La Villa de Todos Los Santos de Calabozo».

Por Luis Eduardo Viso González

 

El presente trabajo forma parte de un libro inédito de mi autoría,  titulado: «Fundadores y Primeros Moradores de La Villa de Todos Los Santos de Calabozo»

 

1.▪ Joseph Francisco de Miranda Jordán, fue el  quinto[1] Teniente de Justicia Mayor de La Villa de Todos Los Santos de Calabozo, tenía parentesco cercano con el Precursor de nuestra Independencia Generalísimo Francisco de Miranda, fueron 5° y  6° nietos, respectivamente del genearca de los Miranda Canarios, Don Antonio de Miranda, natural de Icod de los Vinos, casado el  18 Abril de  1577 en la Iglesia San Marcos, con Felipa Rodríguez. ([2]). Don Joseph Francisco, nació en Icod de Los Vinos, Islas Canarias, hijo legítimo del Alférez Marcos de Miranda García y Josefa Francisca Jordán Fazenda. Sus andanzas en el nuevo mundo, no se limitaron a  Caracas, también incursionó en los llanos de Barinas (San Jaime, San Fernando de Apure y Guanare); los Llanos de Caracas (San Sebastián de Los Reyes, y Calabozo); y  en el oriente venezolano. Fue un hábil mercader, frío y calculador,  que también se enredaba con actividades del comercio ilícito. Se avecindó en Calabozo en la cuarta década del siglo XVIII, donde  contrae nupcias solo por conveniencias con Doña Rosa María Báez González, hija del Regidor Gregorio Báez y Núñez de Martín y Rufina González Ramos, quien había quedado viuda del Sargento Mayor Juan Pérez Padrón de Fuentes[3], compadre y socio de Miranda, tenían en sociedad él « hato  Camoruco», comprado  al Marqués del Valle. Don Joseph Francisco de Miranda entabla amistad con los padres Misioneros Capuchinos y al poco tiempo de su estancia en Calabozo, el año 1747, logra convencer al Reverendo Procurador de las Misiones y se convierte en el  quinto Teniente de Justicia Mayor de Calabozo, el que invistiéndose el mismo de Sargento Mayor, procede a reestructurar las milicias: las plazas de las  Milicias que estaban vacantes, las  provee con personas de su capricho y amistad, sin considerar méritos, distinción de sujetos, ni el consenso de los milicianos. Las milicias ofendidas por el   irrespeto, armados de fusiles, toman la plaza, y tiene lugar «La primera revuelta calaboceña para deponer a un gobernante». Castillo Lara[4], 1997. Felizmente sin consecuencias fatales.

Los calaboceños elevan la queja ante el gobernador, esta, resultó efectiva y depusieron a Miranda y en su lugar fue nombrado Don Dionisio Pereira. Miranda, marcha a Caracas, contrae segundas nupcias el 19 de noviembre 1752 en la Iglesia de La Santa Cruz y de Nuestra Señora de la Candelaria de Caracas, con María de Jesús Betancourt y Hernández, nacida el 25 de diciembre 1728 en Caracas, bautizada el 4 de enero 1729 en la Iglesia Catedral de Caracas,  fallecida el 25 de mayo 1811en Caracas, hija legítima de Carlos Betancourt y Basilia María Hernández.

Miranda, durante toda su vida, continúo manipulando con extrema habilidad. En 1775, tenia negocios en San Jaime y Apure, en sociedad con don  Manuel Herrera. En 1778,  logra conseguir la designación de    « Juez General de Todos los Llanos y del nuevo descubrimiento del otro lado de la del Apure. ». Es poco tiempo el que logra disfrutar de las bondades del cargo, pues  el 12 de junio 1778, lo alcanza la muerte en Caracas. Otorgó Testamento ante el Escribano Público D. Manuel Castrillo. Miranda pese a sus ansias de riqueza y poder, era un hombre con una gran fé Cristiana, formaba parte de la orden de los Franciscanos descubiertos en su tercera clase, adoraba a María Santísima en sus  advocaciones de la Virgen de Nuestra Señora de la Caridad, Nuestra Señora de Coromoto y Nuestra Señora del Rosario.

Don Manuel Hernández González[5], Catedrático de la Universidad de La Laguna,  ofrece interesante información referente Don  Joseph Francisco de Miranda:

«Había sido diezmero en 1775 de la Vereda de San Jaime y Apure en campañía con Manuel Herrera, vecino de San Carlos. Un hermano suyo había fallecido en La Habana. Juan Pérez Padrón había sido su compadre y tuvo compañía con él. Era propietario del hato de Camoruco, comprado al Marqués del Valle que se hallaba sin  confirmar por estar en territorio litigiosa entre las provincias de Caracas y de Barinas, otro que se encontraba fundado al otro lado del  Apure llamado  La Candelaria([6]) y Las Animas compradas a Gregorio Zapata y un trapiche en Macarao, tres casas tiendas en Caracas.  Era dueño de 23 esclavos y 11 huidos. RPCE. Castrillo, 10 de junio de 1778.  ». Hernández González, 2008.

Del primer matrimonio, no tuvo descendencia, del segundo connubio procrea siete hijos, de los que  solo tres  alcanzaron la adultez:

1.1.▪ Joseph Antonio Miranda y Betancourt, al parecer soltero sin sucesión.

1.2.▪ María Theresa Miranda y Betancourt, nacida en Caracas, casada, en la Iglesia San Pablo de Caracas, con Antonio Fernández Betancourt y Caro.

1.3.▪ Antonio Basilio Miranda y Betancourt, nacido en Caracas, casado con María Margarita Tirado Cardozo, padres entre otros hijos de José Rafael Miranda Tirado, genearca de Los Miranda que se establecieron en La Victoria.

 

 

El Acta de Entierro Miranda Jordán, corrobora su  fe Catolica:

«En esta Parroquial de Nuestro Señor San Pablo en 12 de junio de mil setecientos setenta y ocho años. Murió en gracia y comunión de Nuestra Santa Madre Iglesia Don José Francisco de Miranda, natural de las Islas Canarias, marido legítimo que fue de Doña María de Jesús Betancourt, recibió los Santos Sacramentos de penitencia, Santísimo Viático, y Extremaunción. Otorgó Testamento ante D. Manuel Castrillo, Escribano Público, uno de los de números de esta dicha ciudad. En el que dispone que luego que fallezca su cuerpo sea amortajado con el hábito de que vestía Nuestro Santo Padre San Francisco, como Hermano Tercero de Hábito Descubierto que era y y sepultado en la bóveda o lugar destinado para sepultar los Terceros. Dejando las demás formas de su entierro a disposición de sus Albaceas. Mandó se le se le dijeran por su alma e intención quinientas Misas con la limosna  de a ocho reales cada uno de las cuales, cien se le celebrasen el día de su entierro y otras cien en el día de las honras y las trescientas restantes lo más breve que se pudiera = que a Nuestra Señora de la Caridad que se venera en la Iglesia de San Sebastián de Los Reyes la Provincia se le den cincuenta pesos y a la Tercera Orden, otros cincuenta. Que a Nuestra Señora del Rosario que está en el pueblo de Casanay ([7]), se le diga una misa cantada y un Novenario Nuestra Señora de Coromoto  de Guanare, con la limosna de cuatro reales y otra misa cantada a la gloriosa Santa Rita que está en la Iglesia Nuestra Señora de Altagracia de esta ciudad,  que su cuerpo lo carguen ocho pobres por limosna de ocho reales cada uno, que  el día de su entierro repartiesen a los pobres vergonzantes seis reales y otros seis en las honras que a las Mandas Forzosas, se le den a cada una dos pesos y veinticinco pesos a La Casa Santa de Jerusalén. Declaró haber sido casado y velado según orden de Nuestra Santa Madre iglesia en primeras nupcias con doña Rosa María Báez de cuyo matrimonio no tuvo sucesión y en segundas nupcias con la dicha  María de Jesús Betancourt en el que tuvieron y procrearon por sus legítimos hijos a José Antonio Miranda, Doña María Teresa, y don Antonio Basilio que actúal viven, a quienes nombró por sus Herederos y por sus Albaceas a la referida Doña María de Jesús su mujer en primero lugar, en segundo a Don José Antonio Miranda, y en tercero al Dr. D. Antonio Fernández, y en quarto al  D. Joseph Rosalio Betancourt, todo lo qual consta de certificación dada por dicho Escribano y queda en el archivo de mi cargo. Fue su entierro como lo pidio, cantado por mayor en la Iglesia de San Francisco,  con presencia de La Cruz Alta, Cura, Sacristán Mayor y veinte acompañados Clérigos y tuvo la fábrica de ingreso doce reales de yncensario y para que conste lo firmo dicha ut supra. (Fdo.) Juan Joseph Reyna». ([8])

 



[1] El Dr. Castillo Lara, lo menciona como 4°Teniente de Justicia Mayor de Calabozo, pero realmente fue el 5°: 1° Cap. Bernabé Álvarez de Santiago, 2° Cap. Pedro Luis Mirabal, 3° Cap. Bernabé Álvarez de Santiago( Segundo periodo), 4° Cap. Enrique González de Araña, 5° Joseph Francisco de Miranda.

([2]): Fernández, David W.,  La Familia de Miranda, Caracas, 1972

[3] Don Juan Pérez Padrón, Sargento Mayor de la Villa de Calabozo.  Fracasadas las gestiones de Don Manuel Fernando Bermúdez de Luna, en el largo y tedioso juicio contra el Terrateniente Diego Domínguez de Rojas, y sus sucesores, Pérez Padrón, en su condición de Sargento Mayor, asume la defensa de los intereses de Calabozo  y sus vecinos.

[4] Castillo Lara, Doctor Lucas Guillermo, Villa de Todos Los Santos de Calabozo, El Derecho de Vivir Bajo El Sol, Ediciones Carlos del Pozo, año 1996, Paginas 370, 371.

[5] Hernández González, Manuel, Los Canarios en Venezuela, bid&co. Editor, ISBN 980-6741-65-2, Caracas 2008 Pagina 453.

([6])Hernández González, al mencionar al «hato La Candelaria»,  no debe referirse a «La Candelaria Arañera», fundada hacia  1769, por Juan de Araña, permaneció  en propiedad de sus sucesores, hasta la 8° década del siglo XIX, cuando venden y poco más tarde la recompran.

([7]) Casanay, Estado Sucre,  Las festividades de la Virgen del Rosario de Casanay, se celebran el día 7 de febrero.

([8]) Registros parroquiales y Diocesanos, Iglesia San Pablo de Caracas, defunciones,  Folios 496, su vuelo y 497.

El teatro en Ortiz: hitos y testimonios en la Venezuela del siglo XIX Por José Obswaldo Pérez

 

El teatro en Ortiz: hitos y testimonios en la Venezuela del siglo XIX

                                

Por José Obswaldo Pérez

En el siglo XIX, los orticeños mostraron su inclinación por la dramaturgia. Esa afición, por el teatro, estuvo presente como una actividad complementaria a la de diversión y distracción cotidiana. Pero, también, su presencia ganó su espacio en la escuela donde se practicaba de manera extracurricular en eventos simbólicos y en festividades organizadas por la comunidad para celebrar, por ejemplo, una fecha patria. De modo que las representaciones dramáticas no sólo cumplieron  la función de ocio de la población sino también sirvieron de artefacto ideológico para “fomentar la moral doméstica y la moral pública” (Alcibíades, 2004; p.295).

Tres hechos históricos, para solo mencionarlos, testimonian su registro en los archivos de diferentes tiempos sociales y son fuentes para la historia cultural y de las mentalidades de esta localidad.  Al menos su identificación  enriquecerá  el análisis crítico  sobre uno de los géneros poco estudiado en la región.

Fue para entonces, cuando Ortiz vivía su apogeo cultural y político por el accidentado accenso a la capitalidad del Guárico; pero, asimismo, comenzaba a padecer de los estragos de la fiebre amarilla y otros morbos como unos de sus peores dramas reales que vivió aquella ciudad llanera del siglo XIX.

En ese contexto, el 25 septiembre de 1875 una compañía dramática de aficionados presentaba dos funciones: A falta de pan, buenas son tortas obra del narrador costumbrista  Nicanor Bolet Peraza y otra jocosa petipieza de un aficionado local, con una audiencia de 600 personas.  Dice una nota periodística de El Eco del Guárico que “todos los papeles fueron bien caracterizados, damas y caballeros desarrollaron con regularidad la idea del escritor. No se explica de otra manera el torrente de aplausos que cien veces se escapó de nuestro moderado auditorio y la lluvia de perfumados ramilletes que se desgajo sobre el escenario” (El Eco del Guárico, Ortiz, 7 de octubre de 1875).

Una obra escrita por una mujer

Otro acontecimiento sobre estas prácticas dramatúrgicas en la ciudad de Ortiz ocurrió el primero de julio de 1895, cuando el diario El Pregonero anunciaba que en la localidad se había organizado una compañía de aficionados al drama,  la cual se estrenó el 20 de junio con la pieza María o el Despotismo (drama en tres actos), la primera obra teatral publicada por una mujer en el país. Dicha pieza fue escrita por Zulima, seudónimo utilizado por Lina López de Aramburu. (Rojas U, 1986; p.151; Pinto M, 1994; p.23) y otra presentación Zapatero a tus zapatos (comedia en verso y en un acto) del periodista y escritor zuliano Manuel María Fernández, el famoso don Simón.

Femeninas a la vida pública

Ese año, en Ortiz, se presentaría más tarde la compañía lírico-dramática que dirigió el señor Soler Mayorno, la cual encantó a las clases pudientes de la época, según El Pregonero de septiembre de 1895. Pero, las representaciones estudiantiles, también, fueron comunes en los espacios escolares como aquella que el padre Juan B. Franceschini- un culto apóstol de la Iglesia Católica, oriundo de la Isla de Córcega y regente de la escuela privada para niñas- y el Concejo Municipal organizaron para conmemorar el Centenario de Sucre, con la participación de cinco niñas vírgenes en una pequeña obra donde Cristina Paúl representaba a Venezuela, Beatriz Rodríguez a Colombia, Julia Mercedes Reyes a Perú, entre otras, los demás países libertarios de Bolívar.

Notase que la presencia de las féminas escolares en este tipo de actividades nos muestra como referencia la participación de la mujer en el teatro y una apertura a romper los tabúes sexuales que la colocaban en un nivel inferior, limitándolas a las labores del hogar, al cuidado de los niños y la atención del esposo. Sin duda que el acceso de estas chicas a la educación las convertían en una clase privilegiada de la sociedad orticeña, pero eran una minoría de la población femenina.

 

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

ALCIBÍADES, MIRLA (2004). La heroica aventura de construir una república. Familia-nación en el ochocientos venezolano (1830-1865). Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericana.

AZPARREN GIMENEZ, LEONARDO (1996). Documentos para la Historia del Teatro en Venezuela. Caracas: Monte Ávila Editores Latinoamericanos.

CASTILLO, SUSANA (1980). El desarraigo en el Teatro Venezolano. Marco histórico y manifestaciones modernas. Caracas: Editorial Ateneo de Caracas.

PINTO MONTILLA, LORENA (1994). La Dramaturgia Femenina venezolana. Caracas: CELCIT.

RODRIGUEZ, FRANCISCO (2005). Historia del teatro en el Estado Guárico. Un canto a la escena. San Juan de los Morros: Asociación Civil Editorial Guárico

ROJAS U, JOSÉ (1986). Historia y Crítica del Teatro Venezolano Siglo XIX. Mérida: ULA.

EL TRABAJO DEL CRONISTA, DESDE EL DESEMPEÑO DEL PROFESOR FÈLIX CELIS LUGO. Autor: José Manuel Aquino H.

 EL TRABAJO DEL CRONISTA, DESDE EL DESEMPEÑO DEL PROFESOR FÈLIX CELIS LUGO.

                                                                                  Autor: José Manuel Aquino H.

 

     Los pobladores de las  comunidades a partir la aparición del testimonio escrito  han tenido  la particularidad de narrar, describir  y reconstruir todo lo relacionado con su desarrollo histórico; de esta manera se han podido conocer ese largo transitar de la acción de los hombres a través de los tiempos. Todos  y cada uno de los hechos realizados  por las sociedades en cada una de las diferentes culturas, en cualquier  localidad sin importar  la dimensión de la agrupación humana, resaltando sus aspectos más trascendentales. Esto ha permitido evaluar el nivel de  las fuerzas productivas en cualquier periodo con el fin de estudiar sus cambios y comportamiento colectivo. Las  personas que realizan esta actividad de recopilar lo que ha pasado de cualquier línea de tiempo es el historiador.

     En tierras americanas se comienza a escribir  todo lo relacionado con las actividades realizadas por los colonos europeos a partir de 1492.El  Periodo de Conquista y Colonización será descrito y narrado mayormente por  cronistas españoles que estuvieron en los dominios pertenecientes a la Corona Española. La historiografía destaca las narraciones de Bernal Díaz, Garcilaso de la Vega, Pedro Cieza y José Oviedo Y Baños, considerado uno de los primeros cronistas nacidos en esta parte de este continente y  que vivió y murió  en territorio venezolano durante ese periodo histórico. En las siguientes  etapas de la vida republicana, han sobresalido connotados cronistas e historiadores que se han  presentado trabajos referentes a las particularidades de las distintas localidades del país, como Enrique Bernardo Núñez, primer cronista oficial de Caracas en 1945 y a partir de ese año se fueron designando  a estos estudiosos del pasado en las ciudades del país para  fundar en 1968, por iniciativa del historiador valenciano Alfonso Marín la Asociación de Cronistas de  Ciudades de Venezuela ,destacando los escritos de los historiadores  Torcuato Manzo Núñez, Miguel Elías Dao en diferentes eventos de esta agrupación recién creada, entre otros connotados investigadores del pasado que fueron designados para ocupar estas responsabilidades de ser guardia y custodia del pasado en las diferentes localidades del país.

     En lo que respecta al  Estado Guárico, a partir   de la fundación de la Asociación de Cronistas de Ciudades de Venezuela en 1968, los Concejos Municipales de esta entidad fueron designando su representantes: Monseñor Rafael Chacín Soto  en Valle de la Pascua en 1969,seguirían el doctor  Enrique Olivo en  San Juan de los Morros, Manuel Aquino Delgado en el Sombrero  1971 ,hasta ir invistiendo su representante en cada Ayuntamiento de esta entidad, como guardián  del Patrimonio Histórico de esas poblaciones de cada circunscripción y luego también  algunas parroquias  fueron eligiendo su representante, como en Parapara, con el nombramiento de Félix  Manuel Belisario. Seguidamente se  conformaría la Asociación de Cronistas del Estado Guárico, que  terminaría de impulsar los fines y propósitos de esta representación para las diferentes localidades en el ámbito de esta entidad político territorial.

     Luego en una Segunda Etapa, los cronistas de esta entidad estatal, realizaron   actividades en sus   respectivas localidades donde se pudo apreciar el interés por difundir las historias locales, una de las metas propuestas en la década de los 80 por Arístides Medina Rubio en difundir y promocionar los estudios de las historias regionales  por toda  nación; del mismo la  figura del historiador de la ciudad, tomó  impulso también a raíz de la promulgación de la figura del Cronista  Municipal ,establecido en la Ley de Régimen Municipal en 1985. En este  periodo los preservadores de la memoria histórica, realizaron diferentes actividades con el propósito de resaltar la  microhistoria, por medio de encuentros y  eventos de esta índole. Comenzando por San Juan de los Morros, luego  Valle de la Pascua, seguidamente Calabozo, Chaguaramas, Tucupido, Zaraza, San Jerónimo de Guayabal, Ortiz, las Mercedes del Llano y el Sombrero. Siendo en esta última población guariqueña ,necesario comentar  la efectiva labor desarrollada por el profesor Félix Celis Lugo, fallecido el 29 de mayo de este año, en cuanto  a la preservación y difusión del patrimonio histórico de esta importante localidad guariqueña cuna de los próceres de la independencia venezolana: Julián Mellado y Juan Ángel Bravo. Este acucioso investigador del  pasado,  desde  que fue designado por las autoridades del cabildo de la urbe señalada   en el mes de Julio de 2008, como Cronista Municipal, responsabilidad que asumió el cargo  tras la defunción  de Manuel Aquino Delgado, quien  había cumplido esta función  desde 1971.

      La labor de cronista desplegada por  Félix Celis Lugo, es digna de comentar por ser un paradigma a seguir en cuanto a al desempeño realizado durante los 13 años en ejerció dicha responsabilidad .El investigador de estos tiempos, debe ser una persona consustanciada con la investigación histórica parroquial y regional, de manera permanente y dar a  conocer sus indagaciones a los ciudadanos de la localidad, para ello este coterráneo siempre trabajó en equipo con las autoridades  educativas,  maestros y especialmente con comunidad en general estableciendo el vínculo de reciprocidad para que la información llegue a sus destinatarios .Método apropiado para  socializar sus  hallazgos con criterios no solamente informativos ,sino también instructivos Uno de esos  trabajos de los cuales confirma esta valoración, fue la investigación publicada en el blogspot Fuego Cotidiano por este acucioso ensayista , con el título “El Cerro Guarumen (Lugo,2019), lugar muy visitado a finales del siglo XIX, por distinguidas personalidades de la vida pública nacional en ese tiempo histórico. En dicho ensayo estableció una reconstrucción geohistórica, a partir de  relación hombre- medio y sociedad naturaleza. Con el único propósito de llamar la atención de los beneficios que puedan generar de ese lugar con fines turísticos. De esta manera, este estudioso de la microhistoria sombrereña, tuvo  la finalidad  de presentar en  dicho trabajo, no solamente  resaltar la reconstrucción histórica, sino también  para cumplir el rol de promotor social en el rescate de la construcción realizada en esa época  para fines turísticos en la actualidad.

 Otro aspecto importante que deben tener en cuenta los cronistas Municipales, es el referente a promover y defender el del Patrimonio Cultural de las localidades ,de gran importancia para mantener la identidad de estos pueblos ,en momentos en que los propulsores de la hegemonía global, quieren imponer su dominio no solo en lo económico, político social ,sino también quiere borrar con todas aquellas manifestaciones culturales de los pueblos a través de los tiempos ,con el simple hecho de imponer su estilo de vida con el único propósito de aumentar su riquezas a través del consumo de bienes materiales exógenos a la realidad local. Por tal motivo, la labor es el de mantener o conservar, además de investigar y difundir todas aquellos bienes tangibles e intangibles que han realizado los miembros de esas localidades a través de los diferentes momentos. En tal sentido el profesor Félix  Celis Lugo, participó activamente en  la creación de la  Bandera y el Escudo del Municipio  donde ejerció sus funciones como máximo representante del proceso histórico local; igualmente impulsó la formación del Museo de Investigación de Historia Local  Julián Mellado (Bolívar, 2021); así como también, fue un asiduo colaborador  en todas las iniciativas en rescate del patrimonio artístico de esta ciudad guariqueña.

    La realización de eventos de historia  es de gran importancia en el ámbito regional y local, porque permiten conocer las investigaciones que se realizan en los diversos municipios de la entidad guariqueña por parte de los historiadores, hurgando diferentes temas: político, económico, social y cultural, los cuales son publicadas en  sus memorias  tanto en  impresas como digitales, de vital importancia para enriquecer la memoria histórica, no solo en el ámbito estatal, sino también nacional. Encontramos en estas jornadas la participación activa  de historiadores que nunca faltaban a estas reuniones. Uno  de esos consuetudinarios asistentes en esas jornadas y simposios fue  Félix Lugo, representando meritoriamente  al Municipio Julián Mellado, con la humildad que lo caracterizaba, presentaba sus trabajos con gran profesionalismo y camaradería con sus colegas y demás invitados especiales a estos actos. Sus aportes a la historiografía de El Sombrero es su gran legado para las nuevas generaciones  que tuvieron a este coterráneo un gran educador e historiador. Antes de su partida a la eternidad, participó en el encuentro de Cronistas e Historiadores auspiciado por la Gobernación del Estado Guárico, para conmemorar   los  Bicentenarios de la Muerte de Juan Germán Roscio y  la Batalla de Carabobo en los primeros días de febrero del presente año. En su exposición resaltó el valor y arrojo  del prócer Julián Mellado Lineros y Juan Ángel Bravo en la epopeya más importante para  los venezolanos obtener su independencia del imperio Español.

    De esta manera, no solo queremos  resaltar únicamente la importancia de la labor del cronista en la reconstrucción de los procesos históricos de las localidades. También se quiere   honrar el  meritorio trabajo realizado por Félix Celis Lugo, durante su gestión como máximo exponente de la memoria histórica de la población que lo vio nacer. Por tal motivo, su nombre debería ser tomado en cuenta para cualquier institución o  centro educativo lleve su nombre y de esa manera se siga valorando  su legado.

 

 

 

 

 

 

CRONICA DE LA AVIACION AGRICOLA EN VENEZUELA Por: Javier Enrique Díaz Chacín

 

CRONICA DE LA AVIACION AGRICOLA EN VENEZUELA


Autor Ingº Aeronáutico /Piloto Agrícola, Javier Enrique Díaz Chacín


Para nosotros poder entender la verdadera importancia de la aviación agrícola en la actualidad, desde tiempos anteriores, en Venezuela, tenemos primero que revivir un poco de historia, de donde muy prodigiosamente nace esta, al servicio de la agricultura.
Esta historia se remonta a los lejanos años 20, en los Estados Unidos, cuando la crisis alimenticia antes y en plena depresión, era generada por la baja producción agrícola y al ataque de las plagas sobre los cultivos, en los distintos campos, de algunos estados agrícolas de Estados Unidos; colocando en jaque a cientos de productores agrícolas en varios estados de Norte América. Principalmente se debió a fallidos instrumentos de control de plagas y antiguos e ineficientes métodos, que hizo que las plagas consumieran por años, más del 80% de la plantaciones de más de 15 diferentes cultivos , entre ellos el maíz, el algodón, las plantaciones frutales, hortalizas, granos y cereales entre otros, y para entonces era muy necesario y urgente crear una manera de
exterminar las plagas y proteger los cultivos , a la vez de cuidarlos y de fertilizarlos, durante todo su proceso de crecimiento, permitiendo de esta manera salvar y garantizar más del 78% de las plantaciones, de alimentos, para el consumo humano.
Fue entonces cuando un norteamericano, el piloto militar teniente John Arthur McCready , fue asignado al campo McCook, un campo agrícola de pruebas en Dayton, Ohio , para realizar pruebas de un equipo de aspersión para esparcir venenos sobre cultivos , conduciendo distintas pruebas en un biplano monomotor Curtiss Super Jenny .
Ya para el 3 de agosto de 1921, el teniente John McCready se había convertido en la primera persona en probar un sistema experimental de aplicación aérea para rociar pesticidas desde un avión, y el primero en el mundo en volar el primer "Crop Duster” (ó avión espolvoreador de cosechas) como eran conocidos y referidos para entonces, por la acción de esparcir polvos pesticidas sobre cosechas, lo cual consistió para la época, en la adaptación a un biplano monomotor, de una tolva o depósito de químicos , con una compuerta y un sistema manual de caída, que era llenado con polvo DDT (DICLORO DIFENIL TRICLOROHETANO), un pesticida muy potente y que finalmente era rociado sobre el cultivo con una gran eficiencia y actuaba terriblemente sobre las plagas, naciendo de este modo, un método rápido, eficiente y seguro para el control de plagas y fertilización de cultivos. Es así como la aviación se dispuso al servicio de la agricultura y a beneficios de miles de productores agrícolas en el mundo. Otros países posteriormente iniciaron sus pruebas y también comenzaron a utilizar el avión como
único método eficiente y masivo para controlar plagas en su sembradíos y poco a poco nacieron compañías y fabricantes de dispositivos y equipo aéreos para aspersión de pesticidas sobre cultivos, que eran colocados en los aviones y fueron propiciando a la vez, el origen de muchos modelos de aviones estrictamente destinado a la fumigación aérea de plantaciones, a la par se fueron desarrollando técnicas de fumigación y equipos cada vez más eficientes, y con ello fue expandiendo la industria de la aviación agrícola en lo que hoy bien conocemos.

 

La región Centro-Norte y el llano central en la visión historiográfica de Lucas Guillermo Castillo, Por: Horacio Biord Castillo

 

La región Centro-Norte y el llano central en la visión historiográfica de Lucas Guillermo Castillo Lara

 

Horacio Biord Castillo



Lucas Guillermo Castillo Lara (San Casimiro, estado Aragua, 23 de junio de 1921 – Caracas, estado Miranda, 15 de diciembre de 2002) legó a la posteridad una vasta obra de investigación histórica, especialmente referida a pueblos y regiones de Venezuela. Dedicó gran parte de su trabajo investigativo a la historia de la región central de Venezuela, desde la costa hasta el llano guariqueño. Estados como Aragua, Miranda, Guárico, Carabobo, el actual Distrito Capital y parte de Vargas (La Guaira) fueron ampliamente estudiados en su obra histórica.

Al estado Aragua, su tierra natal, dedicó importantes estudios como San Casimiro de Güiripa. Crónicas de la sangre y el recuerdo, uno de sus primeros libros. Trata sobre San Casimiro y el terruño familiar de Güiripa, sus orígenes, su devenir social, su economía y actividades productivas, las tradiciones, los recuerdos y valores familiares.

El volumen Materiales para la historia provincial de Aragua constituyó su trabajo de incorporación como individuo de número a la Academia Nacional de la Historia en 1977. Es importante acotar que el discurso leído en esa ocasión y que viene a ser como la introducción al libro constituye una hermosa reflexión sobre el valor de la historia local y regional que con frecuencia es tenida como menuda y exigua y, en no pocas oportunidades, también como irrelevante.

En ese texto seminal, Lucas Guillermo Castillo Lara alude a la importancia de dicha historia “pequeña” para la comprensión de la historia más amplia del país. Resalta cómo esa oposición o tensión, para muchos irreconciliable, resulta necesaria cuando sus polos o extremos confluyen de manera enriquecedora. En un extremo estaría la llamada “historia nacional”, presentada muchas veces como visión excesivamente sintética, centrada en sucesos militares y políticos, y que fundamenta la “historia oficial” y sus versiones escolares. En el otro extremo, se situaría la historia local y regional.

Asimismo Castillo Lara aborda los aspectos emotivo y afectivo de la historia local y regional que contribuyen a la construcción, fortalecimiento y ampliación de las identidades. Por decirlo en términos coloquiales, lo grande se refleja en lo pequeño y lo pequeño deja su huella indeleble o impronta en lo grande, por más reducida que sean sus dimensiones. El trabajo del analista, del historiador o intérprete de los hechos sociales, es precisar esas interacciones no siempre visibles para la mirada lega o apresurada.

Ese discurso es digno de ser revisado y analizado, releído con especial énfasis en estos tiempos de sentimientos encontrados en torno a la venezolanidad. Más de cuatro décadas después de haber sido escrito, ese texto nos convoca de nuevo como estudiosos del pasado y como personas o ciudadanos a volver sobre los orígenes que explican nuestro ser individual y social. Se trata de una mirada que nos permita no solo explicar fenómenos en cierta medida ajenos o distantes del yo cognoscente sino entender-nos y reconciliar-nos con nuestras profundidades sociohistóricas y culturales.

Castillo Lara luego escribiría los dos tomos fundamentales sobre San Sebastián de los Reyes y la proyección colonial de ese poblado que abre las puertas al Llano y que durante la época colonial tuvo una gran relevancia. Su jurisdicción llegó a abarcar hasta las orillas (el Costo como lo llaman sus pobladores) del Orinoco.

De especial trascendencia es el estudio sobre Maracay en la época colonial que contribuye ampliamente a entender la consolidación de la ciudad hasta convertirse no solo en capital del estado, sino en asiento del poder en la época gomecista. Siguen también la historia de Camatagua y Carmen de Cura, poblaciones agrarias del sur aragüeño, y una investigación sobre el devenir histórico de Barbacoas de los Llanos, que perteneció al Guárico hasta la tercera década del siglo XX cuando se cambiaron los límites estadales para compensar la cesión de San Juan de los Morros al Guárico, tras mudarse la capitalidad de Calabozo a San Juan. Cierran estas investigaciones sobre el pasado aragüeño los dos tomos de Nortemar aragüeño que reconstruyen la historia de los pueblos del litoral de Aragua.

A las publicaciones anteriores se suman el trabajo sobre La Victoria, importante centro urbano de Aragua, actualmente el segundo después de Maracay, y los opúsculos dedicados a Choroní y la capilla de El Loro, caserío agrícola próximo a San Casimiro, y Villa de Cura. Destaca también el estudio sobre el general Antonio Valero de Bernabé y su gesta libertaria que proporciona importantes datos sobre la historia regional de Aragua, a la vez que desvela redes de parentesco e información genealógica de gran valor sociohistórico.

En el género biográfico, son de resaltar las biografías de los ilustres próceres aragüeños y, en especial, los de San Sebastián de los Reyes. Esas semblanzas rescatan vidas de personajes muchas veces injustamente olvidados e ilustran diversos aspectos de la vida provincial en la época de la Independencia.

Al Estado Miranda, al que estuvo unido por fuertes lazos personales y en el que vivió gran parte de su vida, le dedicó Castillo Lara uno de sus primeros libros en 1970, titulado Una tierra llamada Guaicaipuro. Apuntes para el caminar de siete pueblos, tres libros sobre Barlovento: uno consagrado a sus orígenes coloniales, otro a Juan Francisco de León y los isleños o canarios y, el tercero, a la historia de Curiepe. También destaca un trabajo sobre Guarenas, un ensayo sobre Ocumare del Tuy y un artículo referido a San Diego de Los Altos, la fundación del pueblo y la erección de la parroquia eclesiástica.

En relación al estado Miranda, hay que añadir también algunas páginas dispersas de evocación de Los Teques y de figuras entrañables para el cariño familiar como el padre Isaías Ojeda, sdb, primer director salesiano a partir de 1935 del Liceo San José de Los Teques, donde estudió el autor. El libro Cien años de la raigambre salesiana en Venezuela también aporta datos valiosos sobre la obra de los salesianos en los estados Miranda y Carabobo y en Caracas.

En relación al Distrito Capital y la ciudad de Caracas, deben citarse en primer lugar los tomos relativos a los mercedarios y la vida social de Caracas en el siglo XVII y XVIII y también el libro sobre las aventuras de Ruy Fernández de Fuenmayor, más el discurso con motivo del bicentenario del Libertador. Dichos aportes contribuyen a delinear mejor la comprensión histórica de la región Centro-Norte. A ello se suman un trabajo de corte monográfico como lo son el estudio sobre el Panteón Nacional y la biografía de Bolívar, con interesantes datos sobre la niñez y la juventud del Libertador y su actuación anterior a 1810. En conjunto, esos trabajos enriquecen la historiografía mirandina y caraqueña.

Al estado Guárico le dedicó en 1975 la historia colonial de Calabozo, con el hermoso subtítulo de “el derecho de existir bajo el sol”, y luego la historia de Guardatinajas, población llanera cercana a Calabozo. Se debe añadir que en el libro dedicado al centenario de la diócesis del Zulia aporta datos de gran valor, explicaciones y reflexiones sobre la creación de la diócesis del Llano, hoy arquidiócesis de Calabozo y su amplia jurisdicción inicial.

A Carabobo, por su parte, Castillo Lara le dedicó una evocación de Puerto Cabello, lar nativo de su esposa, Lilliam Brandt de Castillo, y un trabajo sobre la batalla de Carabobo (24 de junio de 1821). En su biografía de monseñor Francisco Iturriza Guillén, sdb, segundo obispo de Coro y su antiguo profesor en el Liceo San José, aporta diversos datos sobre la Valencia nativa del obispo salesiano que iluminan aspectos de la vida social de la capital carabobeña a finales del siglo XIX y principios del XX. También debe añadirse la biografía de José Laurencio Silva, nativo de El Tinaco, estado Cojedes, población cercana a Valencia.

La obra historiográfica de Lucas Guillermo Castillo Lara emerge como una contribución al estudio de la historia regional y local de Venezuela, en especial de dos regiones: los Andes tachirenses y la región Centro-Norte de Venezuela. A ello se sumarían algunos aspectos temáticos, como la historia eclesiástica, la biografía y la historia colonial, hoy un tanto desatendida ante el urgente interés que ha concitado entre los estudiosos la comprensión, fundamentalmente, del devenir político venezolano en el siglo XX y los procesos iniciados en el siglo XIX con el establecimiento y los intentos de consolidación del estado nacional venezolano.

Quisiera destacar dos aspectos: el primero es que el conocimiento personal que tenía Lucas Guillermo Castillo Lara de la región Centro-Norte de Venezuela, de sus pueblos y caminos, de sus gentes, de los recodos de su geografía e historia, a lo cual se suman la historia oral y las tradiciones, le permitió construir el monumento historiográfico que es su obra sobre esta importante región del país. Si bien, los estudios de pueblos y ciudades llaneras se saldrían un poco del ámbito físico de la región Centro-Norte, no es menos cierto que dichas poblaciones estaban y están activamente conectadas con la región Centro-Norte. Si trazamos unas líneas desde Puerto Cabello hasta Cúpira (estado Miranda, en la frontera casi con el estado Anzoátegui) y desde allí hasta Calabozo y desde allí nuevamente hasta Puerto Cabello habremos delineado un gran triángulo que comienza con el Llano y termina con la costa del mar Caribe. La contribución de Castillo Lara para la comprensión de ese gran triángulo y sus procesos sociohistóricos es fundamental.

El otro aspecto está relacionado, precisamente, con ese conocimiento e identificación del autor con la geografía y los pueblos y ciudades estudiadas. De ese amor, de esa identidad con la tierra, nació una pasión por introducir y ofrecer sus hallazgos históricos con breves y evocativas palabras de gran lirismo. Ese canto, esa celebración de la tierra y sus habitantes, enaltece el trabajo del historiador y lo aproxima al “color local” en la expresión del poeta e investigador. Se muestra más nítidamente en ese estilo al historiador que también era cronista, como lo fue de su natal San Casimiro.

Sirvan estas reflexiones de homenaje al doctor Lucas Guillermo Castillo Lara, mi tío y padrino, en su año centenario.

 

Lechería, estado Anzoátegui, a 25 de octubre de 2021.

 

Horacio Biord Castillo. Laboratorio de Etnohistoria y Oralidad. Centro de Antropología. Instituto venezolano de Investigaciones Científicas. Dirección electrónica: hbiord@gmail.com

 

Nota: Deseo agradecer el estímulo y apoyo de Gisela Pastori y César Ortega Silveira para escribir esta ponencia en momentos de dificultades y convalecencia. Sus palabras me animaron e incitaron.

 


DON GARIBALDI SOTO: POETA Y CRONISTA Autora: Gladys Vázquez Pinto de Aular

 

DON GARIBALDI SOTO: POETA Y CRONISTA

Autora: Gladys Vázquez Pinto de Aular

            Conocí al poeta José Garibaldi Soto en un recital de poesía ofrecido en la Casa de la Cultura  Rafael Rengifo de Tucupido, el 04 de junio del 2003, donde entre otros poetas y declamadores se presentaron  el vate Fernando Aular, mi suegro,  Tula Aular, mi cuñada, quien además era una de las organizadoras junto a otras docentes y poetas de la escuela Narciso López Camacho,  Lucy Porras, quien fue la presentadora, Dumas Andrade, Esteban Mieres, Roque Peñalver, Humbelina Ledezma, Robert Ortega, Ana Teresa Arruebarrena, Nelson Tovar, Pedro Bermúdez y Fernando Aular Durant, mi esposo. El poeta Garibaldi Soto,  declamó un poema en décimas, de su propia inspiración, muy bien rimada y bien declamada, por lo que me impresionó  su composición, su buena dicción y tono de voz.

            En el 2004 se formó la  asociación Amigos de la Escuela Narciso López Camacho,  en la cual se propuso realizar anualmente, cada 23 de abril día del idioma, del derecho de autor y del buen decir, un  Encuentro de Poesía,  con poetas de  Tucupido, Valle de la Pascua y de todos los pueblos del Guárico y de Venezuela. El 23 de mayo del 2007, el IV Encuentro se realizó conjuntamente con el Encuentro  Mundial de poesía, donde fue escogido Tucupido como sede estadal, con la presentación del poeta uruguayo Rafael Cuaetusie,  quien dictó un taller de literatura y recitó sus poemas conjuntamente con los poetas de Tucupido, los que  causaron muy buena impresión al poeta visitante. En estos encuentros el poeta Garibaldi era un activo y entusiasta  organizador, participante con sus poemas y un gran colaborador junto a su esposa, la señora Elvira Rojas, quienes preparaban un palo a pique, cocido a leña de guatacaro,  para una comida que se ofrecía a los participantes y a los asistentes, un  suculento almuerzo al finalizar el  recital,  además de asado negro, queso, tajadas, tostones o carne mechada, tortas, carato, chicha,  jalea de mango, arroz con coco o con  leche, todo esto elaborado por las personas de la Asociación de Amigos de la Escuela Narciso López Camacho,  de los poetas  y familiares participantes. ¡Todo un gran banquete cultural!

            También fue un asiduo y activo participante en los Encuentros de Cronistas e  Historiadores, que se celebran en Tucupido, Valle de la Pascua, Ortiz, Las Mercedes del Llano, Calabozo, Chaguaramas y en otros pueblos de nuestro país. Muchas veces coincidimos en estos encuentros, intercambiando impresiones y anécdotas. Así fuimos estrechando lazos  de sincera amistad, con frecuencia nos visitábamos  y sosteníamos largas conversaciones, con las que fuimos conociendo a través de sus narraciones,  los oficios típicos,  lugares,  personajes, y costumbres del pueblo. Visitamos en su compañía algunos  sitios del pueblo,   y de otros lugares, como San Rafael de Laya o el Ciento Treinta y Tres, fue un domingo muy temprano, allí conocimos a personajes y sitios emblemático con sus  respectivas historias. Otro día fuimos a conocer las lagunas y sitios  que surtieron de agua al pueblo,  hablamos con los vecinos que  nos contaron sus respectivas leyendas  y creencias.

           Así fuimos conociendo al  señor José Garibaldi Soto, quien  nos relató que nació en Tucupido en Septiembre de 1933, hijo de Josefa Antonia Soto, su padre adoptivo Carlos María Guaita, tuvo  como hermanos a Héctor Servideo, médico pediatra,  Rosa,  Josefa Antonia (La Cariba),  Zoila y Sara  Soto. Fue poeta, declamador y cronista  oficial de Tucupido.  Escribía sus poemas en versos octosílabos, propios de la copla y de la décima llanera. Conocedor de la historia, de los personajes, las costumbres y los lugares de su pueblo. Hombre preocupado por la cultura.  En su juventud fue diestro en la faena del campo y en la suerte del coleo  de toros, deporte tradicional de los pueblos llaneros. Serenatero en las claras noches, ante las ventanas de las mozas tucupidenses y cantor en parrandas navideñas para las cuales componía los villancicos y los cantos.   Sus poemas   solía firmarlos con el seudónimo “Jogaso”.             En la gran mayoría de su producción poética predomina la décima, estrofa de diez versos octosilábicos con rimas consonantes conocida también por espinela.  Recibió la influencia del poeta Ernesto Luis Rodríguez, guariqueño de Zaraza, poeta de estilo nativista, autor de varios libros de poesía, como: “Agraz”, “Cantares de tierra llana”, “Pasitrote”, “Quitapesares”, “El color de entonces”, “Arriero”, “¡Arriba capitán!”,  “Paso llano de la décima”, “De son a son”, “Desde el olvido”, “Los poemas íntimos”, “Tarantín de feria”, “El país del alba”, “Los nuevos cantos” y  quien era un gran decimista y glosador. Sus    poemas tienen como tema principal su pueblo, su gente, sus costumbres, el llano con sus paisajes y sus lugares más emblemáticos, como sus barrios, manantiales y lagunas   Como cronista conocedor de la historia y de la vida de su pueblo, en los encuentros de cronistas regionales y nacionales presentó muchos trabajos donde describió con sencillez personajes típicos, costumbres ancestrales de la pequeña historia de Tucupido.  Como ejemplo, la  canción “Tucupido de mi vida”, letra y música de su propia inspiración:

                    TUCUPIDO DE MI VIDA

 

Tucupido de mi vida.

Guárico de mi pasión,

te dedico este pasaje

con todo mi corazón.

 

Cuando me encuentro a tu lado

revive en mí la alegría

y son todas tus muchachas

reinas de la simpatía.

 

Y si me alejo de ti

lo hago con sentimiento

recordando con nostalgia

aquel tan grato momento.

 

Siempre que te recuerdo

me dan ganas de llorar

porque a ti pueblo querido

nunca te podré olvidar.

 

En Tamanaco pescando

con tu brisa me topé

y el canto de la soisola

con la mañana se fue.

 

Mañanitas del recuerdo,

bello es tu atardecer

y en cada copla que canto

va expresando mi querer.

                               

 

La casa de don Garibaldi es un pequeño museo criollo, en ella  podemos observar una variada muestra de objetos típicos, como mollejones  o piedras de  amolar, piedras de moler, pilón de madera, tinajero con su tinaja y la piedra de filtrar; sogas de cuero, mandadores, garrotes encabullados, telares de tejer capelladas, zarandas, trompos, botijones y tantos otros objetos típicos. Y constantemente era visitada por estudiantes e investigadores de la historia local.

Los domingos por la mañana la voz de don Garibaldi era muy escuchada en toda la población en su programa radial, donde hablaba de su pueblo, de los personajes y sucesos, verdaderas crónicas que constituían una cátedra para conocer la historia de Tucupido.

Entre sus crónicas de las lagunas y pozos que calmaron la sed a  los habitantes de Tucupido se destaca la de la “Aguadita”

LA AGUADITA O MANANTIAL DE LA AGUADITA

“Es una bendición de Dios. Un premio a Tucupido. Se trata de una de las bellezas naturales y misteriosas que tiene nuestro pueblo. En el año 1930, este manantial o aguada, calmó la sed de los habitantes de Tucupido, cuando un fuerte y aterrador verano afectó a nuestra región. Ésta es desconocida por la mayoría de los tucupidenses y no se la ha dado el valor que en realidad ella tiene. Se encuentra al norte de Tucupido, salida hacia San Rafael de Laya (Km. 133 o El Ciento). Hasta la entrada donde se encuentra hay una distancia de 3.700 metros en carretera de asfalto y unos 300 metros de camino de tierra.

Es una aguada o manantial natural, donde tan sólo intervino el Gran Arquitecto del Universo. Cuando se llega en la mañana por el caminito que lleva hasta ella, se disfruta de un clima fresco y agradable. Las inquietas ardillas brincando de árbol en árbol, los alegres turpiales, arrendajos y paraulatas, con sus bonitos cantos, brindan al visitante la paz y alegría que les hace sentir felices.

Cuando se llega al manantial llama mucho la atención que está bien cercado con alambre de púas para evitar que cochinos, burros, ovejas y ganado vacuno ensucien sus aguas, las cuales se mantienen limpias. Puede observarse que en muchas partes hay lo que se conoce como “ojos de agua”, que manan, se unen y corren por un mismo canal que se pierde de vista.

Sus aguas son claras y de sabor más o menos como “Alkaseltzer”, pero uno se acostumbra a tomarla. Suelen ser elogiadas. Dicen que es el agua mejor del mundo. La más agradable. Este concepto es muy aplicado por los lugareños que habitan por esta zona y se lo manifiestan a los visitantes, como todavía se acostumbra.

El manantial está rodeado en su totalidad por el verde tapiz  de una paja, una grama verde que es medicinal, sobre todo cuando hay problemas urinarios, esta contribuye al buen funcionamiento de los riñones y si se usa con el agua que allí mana, mucho mejor.

En la pequeña montaña que la rodea encontramos una bonita vegetación formada por jobos, guatacares, cujíes blancos y negros, tarares y guácimos, que le dan una protección al manantial y permitiendo que cada día sus aguas manen más.”

LA AGUADITA Y LA LEYENDA DEL ENCANTO

“Según sus moradores, la mayoría de ellos sostienen  que después de las 6 de la tarde,  se escuchan ruidos muy extraños que le hacen arrugar la piel al más pintado. Son muchas las personas que aseguran que ella tiene un encanto que protege sus aguas y todo lo que se  encuentra dentro o fuera del manantial.

En el manantial, ocurre poco, pero se puede ver una culebra de tamaño colosal que más de una vez les ha dado susto a los visitantes al lugar. Hay guabinas, buscos y sardinas pequeñas con pintas de diferentes colores. ¡Nadie se atreve a comerlos!

Se cuenta que hace unos años, un señor, padre de varios niños, tenía por costumbre ir al manantial a pescar buscos y guabinas, pero al correr del tiempo las cosas fueron cambiando en ese hogar, donde existió mucha alegría, después llegó la tristeza y el dolor. Según, el encanto se fue llevando a los niños uno a uno. Pero un día el hombre llegó a buscar agua con su mujer y cuando metieron la totuma para empezar a llenar los barriles, del fondo del manantial se les apareció una mujer muy bella, de pelo largo y les dijo: –Ustedes están sufriendo como yo lo he hecho, acabaron con mis hijos, tengo que pagarles con la misma moneda, les he quitado a los suyos. 

No le gusta cuando los visitantes forman desorden y muestra su desagrado tornando sus aguas revueltas en forma de protesta. Otras veces las lavanderas forman desórdenes, dicen groserías, chismes o protagonizan peleas, entonces las aguas se ponen rojas como la sangre, impidiendo que sigan levando con sus aguas.

Mientras tanto, el manantial de la Aguadita sigue esperando que alguien se conduela y le tiendan la mano y le retribuyan su bondad, cuando en épocas de sequía nos calma la sed.

Esta leyenda de nuestra región llanera, contribuye a enriquecer mucho más el folclor a nivel nacional. Tenemos un compromiso de difundirla, es un gran deber.”

Una  noche recibimos una llamada notificándonos la muerte del cronista de Tucupido, Garibaldi Soto, esta noticia nos llenó de  profundo dolor, porque sabíamos que  había sufrido un accidente cerebro vascular, pero ya lo había superado. Pero el siguiente día muy temprano recibimos otra llamada  para comunicarnos  que  había sido una equivocación y quien había fallecido era el cronista de Calabozo, el señor  Silva Agudelo, también persona conocida y muy respetada por nosotros.

El  siguiente domingo fuimos a visitar a Garibaldi y le hablamos de la falsa noticia de su muerte y nos dijo sonriente  que estaba vivito  y coleando. Nos invitó para el próximo domingo a su programa radial, las 7 de la mañana, para hablar de  anécdotas y personajes del pueblo. Yo por mi parte hablé con doña Elvira, su esposa, y le propuse preparar un “palo a pique” como el  que llevaban a los encuentros de  poesía, con el cual yo aprendería su preparación. El domingo pautado llegamos con todos los ingredientes y procedimos a preparar el famoso palo a pique, además lo acompañamos con el queso de mano de Tucupido, queso blanco rallado, tajadas de plátano, arepas, tostones,  jugo de frutas y la carne mechada. Mientras escuchábamos el programa  nos dedicábamos a cocinar. Y  así pasamos un día de poemas, relatos, anécdotas, cuentos, chistes,  canciones, degustando aquellos típicos manjares.

La última vez que lo vimos fue una tarde cuando fuimos a entregarle el libro “Cantos de Amor en Primavera” poemario de mi esposo Fernando Aular. En él no cabía la alegría. Muy poco tiempo después recibimos la noticia de su verdadera muerte física. Porque para nosotros, espiritualmente no morirá, pues conservamos recopiladas todas sus décimas y sus crónicas.