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miércoles, 26 de octubre de 2022

Conmemoración y actualidad de la visita de monseñor Martí (1772-2022), Autor: Horacio Biord Castillo


Conmemoración y actualidad de la visita de monseñor Martí
(1772-2022)

 

Horacio Biord Castillo*

 

En 2022 se cumplen 250 años del inicio de la Visita Apostólica de monseñor Mariano Martí a su extensa diócesis de Caracas, iniciada en lo que hoy es territorio de la diócesis de La Guaira. Las conmemoraciones de eventos importantes y extraordinarios deben enmarcarse en la línea de revisar el pasado. El examen del pasado y la reflexión sobre sus implicaciones son recursos cognoscitivos de gran valor para entendernos colectivamente.

Mariano Martí y Estadella nació en Brafim (en la catalana provincia de Tarragona, España) el 24 de diciembre de 1721. Estudio en la Real y Pontificia Universidad de Cervera, donde se doctoró en derecho civil y canónico en 1748. Se sabe que fue ordenado como subdiácono en 1743 y de sacerdote en 1749. Doce años después, en 1761, sería nombrado obispo de San Juan de Puerto Rico y sus anejos ultramarinos que comprendían las islas de Margarita y Trinidad, la provincia de la Nueva Andalucía y la Nueva Barcelona y la Guayana. Recibió la consagración episcopal en La Guaira el 17 de enero de 1762 de manos de monseñor Francisco Antonio Diez Madroñero, obispo de Caracas, y a quien luego sustituiría en el cargo.

En Puerto Rico y Caracas se destacó por sus actuaciones a favor de los más olvidados y despreciados. En 1763 inició la visita de su diócesis. Primero recorrió la isla de Puerto Rico y luego Cumaná (1764-1768), Barcelona (1765), Margarita (1766), Trinidad (1766) y Guayana (1766-1767). En 1769 fue nombrado obispo de Caracas y tomó posesión en enero de 1770. En 1772 emprende por espacio de 12 años la visita de la diócesis. Tanto en Puerto Rico como en Caracas le tocó enfrentar largos pleitos y diferencias con autoridades españolas e incluso de la propia iglesia. Murió en Caracas el 20 de febrero de 1792.[1]

De su larga visita a la Diócesis de Caracas dejó un extenso testimonio, cuya versión hasta ahora más amplia es la publicada parcialmente en seis volúmenes por la Academia Nacional de la Historia (Martí 1998). Los testimonios de esa visita tienen una gran importancia no solo eclesiástica sino social (Biord Castillo 2007). Ofrecen un extraordinario retrato, si se quiere multidimensional de la Venezuela del último cuarto del siglo XVIII (Biord). Lamentablemente no se han conservado o no conocemos hasta el momento los testimonios sobre la visita a los anejos ultramarinos de Puerto Rico, es decir el Oriente de Venezuela y la Guayana, Margarita y Trinidad. Seguramente serían un extraordinario conjunto de documentos sobre la situación de esas regiones en la segunda mitad del siglo XVIII que pudiéramos contrastar con otros documentos, como la visita a los pueblos de indios ordenada para la Provincia de la Nueva Andalucía y la Nueva Barcelona por la Real Audiencia de Cumaná y que llevó a cabo el oidor decano de dicha Audiencia, don Luis de Chávez y Mendoza, entre 1782 y 1784 (Laserna Gaitán 1993; Pérez Ramírez 1946).

La documentación derivada de la visita a la diócesis de Caracas es de una gran riqueza e importancia. Sin duda, constituye una de las principales fuentes para conocer la situación de la actual Venezuela en ese momento, precisamente cuando tras la creación de la Capitanía General de Venezuela en 1777 se van erigiendo diversas instituciones que luego, en el siglo XIX, facilitarán la unificación de las provincias y la declaración de independencia en julio de 1811 (Morón 1977).

Imaginemos por un momento lo que significaba visitar la diócesis de Caracas entre 1772 y 1784. Las comunicaciones debían hacerse a lomo de bestias (caballos o mulas), a pie o en embarcaciones para cruzar los ríos o hacer navegación de cabotaje sin distanciarse mucho de la costa. Martí visitaría el centro del país, los llanos y el occidente, es decir lo que hoy son los estados Miranda, La Guaira o Vargas, Aragua, Guárico, Carabobo, Cojedes, Portuguesa, Apure, Barinas, Lara, Yaracuy y Falcón.

Martí llegaba a cada pueblo y hablaba con el sacerdote y las personas principales. Se interesaba por la vida social, los pobladores y su situación, por la iglesia y sus propiedades, el estado de los templos, por los enseres y el ajuar, por las imágenes y las celebraciones religiosas, el cumplimiento de las normas y la vida religiosa, en general. Aporta por igual datos cualitativos y cuantitativos. Estos últimos, por provenir de una época preestadística, son de gran relevancia.

En algunos pueblos la gente se queja de los curas; en otros el obispo se entera de quiénes viven sin haberse casado, de los escándalos públicos, de las actividades económicas, del patrón de asentamiento, de cómo los indígenas preferían vivir más en sus conucos que en los pueblos. El obispo proporciona igualmente datos sobre los cultos más importantes y las fiestas que eran celebradas.

Volver los ojos a la obra de Martí es, como hemos dicho, repasar la historia lejana que nos puede ayudar a entendernos y a fortalecer nuestros proyectos de futuro.

Veamos algunos ejemplos. En Naiguatá (estado La Guaira), desde hace muchos años, la gente venera una advocación mariana llamada Virgen de Coromoto. Por tradición se sabía que era muy antigua; pero la documentación disponible solo se remontaba a mediados del siglo XIX. Gracias a las investigaciones llevadas a cabo por un equipo que me tocó coordinar,[2] entre las que descuella muy especialmente el trabajo de Marielena Mestas Pérez (2021), se pudo concretar en un documento de la visita de Martí a ese pueblo en 1772 que ya se veneraba a la Virgen aparecida en una piedrecilla a un indio de nombre Coromoto.[3] Ahora los naiguatareños no solo han precisado los orígenes de su hermosa devoción, sino que gracias a mirar y reevaluar el pasado pueden estar no solo orgullosos de esa advocación que se manifestó en la comunidad, en un riachuelo no muy lejos del mar, sino que la veneración plurisecular a la Virgen de Coromoto de Naiguatá es un elemento muy antiguo aglutinador de la identidad local y regional.[4]

En otras regiones, Martí escuchó las preocupaciones y motivos de los feligreses y tomó las medidas que consideró pertinente. Por ejemplo, en San Antonio de Los Altos (actual estado Miranda) creó el 21 de abril de 1783 una nueva parroquia, deslindándola de la vecina de San Diego de Los Altos, porque los vecinos atestiguaban que al cura de San Diego se le hacía muy difícil atender los dos pueblos. Por ello con frecuencia los habitante de San Antonio se veían privados de los sacramentos o no podían cumplir con sus obligaciones, además de que los moribundos no recibían la atención espiritual y los entierros se hacían sin presencia del sacerdote.

En los pueblos de Petare, Baruta, Maiquetía y Carayaca, por ejemplo, Martí documenta la forma de enseñar la doctrina a los jóvenes indígenas. Muy de mañana, en torno a las seis horas, se reunían a escuchar las explicaciones del cura doctrinero. Al final de la tarde se volvían a congregar y rezaban alguna oración (Martí 1998 I: 4-10). Esto coincide con la forma como se hacía la evangelización en las misiones jesuíticas del Orinoco también a mediados del siglo XVIII.[5] Como se ve, la evangelización implicaba la castellanización o hispanización  y el cambio social compulsivos.

Martí escucha y anota en el libro personal las muchas denuncias que recibe sobre prácticas indecorosas, especialmente las uniones concubinarias, adúlteras y poligámicas, así como las prohibidas entre parientes cercanos, todo lo cual preocupa el celo pastoral del obispo.

Entre otros aspectos, también se preocupa por el excesivo consumo de guarapo o licores de fabricación artesanal en las poblaciones visitadas. Por ejemplo, en Maiquetía apunta: "Quando entró este Cura acá había quatrocientos indios, y casi todos han muerto desde que se introdujo el guarapo, que lo introduxo un francés el año de 1741, que vivía acá. Desde entonces se empezó a estender el guarapo, y con pretexto de ser ésta una bebida provincial (la qual se compone de azúcar de papelón y agua, y ahora le mesclan otras cosas como cabos de fumasos, pedazos de hierro, con lo que haze agrio y muy fuerte y destempla los estómagos y emborracha mucho, y por un corto precio tan grande cantidad de esta bevida) informaron al Rey, creo que unos diez y ocho años, en tiempo del señor Ricardos, y esta renta o privativa de vender guarapo la consignó el Rey al Hospital de San Lázaro de Caracas, que es quantiosa, y si no se quita acabará del todos a los indios y tiene perdida la tropa y otros españoles, y los indios se emborrachan mucho y se destruyen con esta Bevida" (Martí 1998 I: 8).

También Martí se preocupa por hacer precisiones etnográficas y toponímicas. Por ejemplo, señala en el actual estado Yaracuy que "Aunque este Cura dixo que este pueblo se llamava Urachiche y no hora Orachiche y que él assí lo escrito, pero de los libros antiguos se averiguado que es Orachiche y no Urachiche. No se sabe que hasta ahora haya algún Obispo visitado este pueblo" (Martí 1998 II: 397).

De igual manera allí hace una descripción de los cultivos y actividades productivas y se preocupa por la situación de los indios. Corrobora que no tienen asignada la legua de tierra que les ha sido reconocida por la Corona y que no poseen suficiente espacio para sus actividades productivas. Asimismo señala que no hablan el idioma indígena y que se presumen que sean caquetíos, aunque, diríamos hoy, la memoria colectiva se ha fragmentado y han olvidado el nombre étnico o etnónimo (Martí 1998 II: 396).

Por supuesto, tema central de la Visita son los aspectos eclesiásticos, el cumplimiento de las normas, el estado de los templos y el inventario de cada uno, las rentas de la iglesia, la buena conducta de los clérigos, la celebración de los oficios, la existencia de oratorios, la participación de los fieles.

La conmemoración de los 250 años del inicio de la Visita pastoral del obispo Martí a su amplia diócesis constituye una excelente ocasión para analizar ese pasado lejano que, sin embargo, nos fundamenta y da forma. Revisar el pasado nos ayuda a entendernos mejor. Permítanme señalar algunos aspectos importantes de esta visita:

1)               El carácter de fuente informativa que tanto para la historia social como para la historia eclesiástica propiamente dicha tiene la documentación derivada de las actuaciones del obispo Martí. Se trata de un amplio repositorio bibliográfico de datos esenciales para la historia venezolana.

2)               El retrato que hace Martí de la sociedad venezolana del último cuarto del siglo XVIII nos muestra su cotidianidad, sus fortalezas y debilidades, la responsabilidad de la Iglesia y sus contribuciones al bienestar social aun con sus errores y omisiones.

3)               La diversidad venezolana que hoy sigue vigente, aunque arropada por décadas de ideologías dominantes que privilegiaban una pretendida y ramplona unicidad cultural, tiene profundas raíces sociohistóricas, cuyo conocimiento y comprensión son fundamentales para atender las necesidades del presente y los retos del futuro.

4)               Para la Iglesia católica, como institución comprometida con la gente y sus necesidades concretas, tanto espirituales como materiales, la obra de Martí no solo documenta la forma como la Iglesia quiso en un momento histórico determinado atender sus responsabilidades, sino que también puede servir de inspiración y advertencia: inspiración para continuar lo loable y digno de tenerse como ejemplo y de advertencia para evitar lo que con la perspectiva actual consideraríamos desatinado y las propias desviaciones que el obispo señala y condena.

Conmemorar los 250 años de Martí es, ante todo, vernos nosotros mismos en perspectiva, nuestro territorio, nuestros centros poblados, nuestras gentes y sus culturas o sea nuestros antepasados y antecesores y sus modos de vida, que de alguna manera, aunque transformados, continuamos nosotros.

Celebrar a Martí es recordar que nuestra presencia no es fortuita en esta tierra ni está amenazada por meras coyunturas temporales aunque ciertamente haya vientos de cambio en el mundo. La mejor manera de vivir las transiciones es aferrándose a la fuerza de la tradición como venero de significados, símbolos y usos que pueden servir de hilos conductores especialmente en momentos de confusión, borrascas e inseguridad.

Referencias

Biord, Horacio. 2007. Relevancia etnohistórica de las Visitas Pastorales: el obispo Martí y los aborígenes de la región centro-norte de Venezuela en la segunda mitad del siglo XVIII. En Baltazar E. Porras Cardozo; Ana Hilda Duque; Niria Rosa Suárez y Raquel Morales Soto (eds.): El patrimonio eclesiástico venezolano. Pasado y futuro. 3 vols. Mérida: Fundación Archivo Arquidiocesano de Mérida, Universidad Católica Andrés Bello, Konrad Adenauer Stiftung, tomo 2, pp. [89]-100.

Biord Castillo, Horacio. 2018 a. La Virgen de Naiguatá en el IVIC. En el periódico digital Reporte Católico Laico (http://reportecatolicolaico.com/2018/06/la-virgen-de-naiguata-en-el-ivic/).

Biord Castillo, Horacio. 2018 b. Un taller para acercarse a la Virgen de Naiguatá. En el periódico digital Reporte Católico Laico (http://reportecatolicolaico.com/2018/08/un-taller-para-acercarse-a-la-virgen-de-naiguata/).

Biord Castillo, Horacio. 2018 c. La Coromoto y la Virgen del Valle: celebraciones marianas en Naiguatá en septiembre de 2018 Reporte Católico Laico En el periódico digital Reporte Católico Laico (http://reportecatolicolaico.com/2018/09/la-coromoto-y-la-virgen-del-valle-celebraciones-marianas-en-naiguata-en-septiembre-de-2018/).

Gilij, Felipe Salvador 1965 [1780-1784]. Ensayo de historia americana o sea historia natural, civil y sacra de los reinos y de las provincias españolas de Tierra Firme en la América Meridional. 3 vols. [correspondientes a los tres primeros de la edición original de la obra]. Caracas: Academia Nacional de la Historia (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, I: 71; II: 72; III: 73).

Laserna Gaitán, Antonio Ignacio. 1993. Tierra, gobierno local y actividad misionera en la comunidad indígena del Oriente venezolano: la Visita a la Provincia de Cumaná de don Luis de Chávez y Mendoza (1783-184). Caracas: Academia Nacional de la Historia (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, 219).

Martí, Mariano. 1998 [1771-1784]. Documentos relativos a su visita pastoral de la diócesis de Caracas 1771-1784. 7 vols. Caracas: Academia Nacional de la Historia (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, Serie Fuentes para la Historia Colonial de Venezuela, I (Libro personal): 95; II (Libro personal): 96; III (Inventarios): 97; IV (Inventarios): 98; V (Providencias): 99; VI (Compendio): 100; VII (Compendio): 101).

Mestas Pérez, Marielena. La Virgen de Coromoto de Naiguatá. Más de 250 años de devoción. Caracas: Diócesis de La Guaira.

Morón, Guillermo. 1977. El proceso de integración de Venezuela, 1776-1793. Caracas: Academia Nacional de la Historia (Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia, serie El Libro Menor, 3).

Pérez Ramírez, César (comp.). 1946. Documentos para la historia colonial de Venezuela. Mensura y descripción de los pueblos de indios situados en las provincias de Nueva Andalucía y Nueva Barcelona realizadas por orden del Rey don Carlos Tercero por el oidor decano de la Real Audiencia de Santo Domingo don Luis de Chávez y Mendoza. 1782-1784. Caracas: Crisol (Publicaciones de la Comisión Preparatoria de la IV Asamblea General del Instituto Panamericano de Geografía e Historia).



* Laboratorio de Etnohistoria y Oralidad. Centro de Antropología. Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Dirección electrónica: hbiord@gmail.com

[1] Los datos biográficos de monseñor Martí están tomados de la biografía incluida en el Diccionario de historia de Venezuela de la Fundación Polar y del trabajo de fray Lino Gómez Canedo “Introducción general” a los documentos de la Visita, publicada originalmente en 1969 (Martí 1998 I: [ix]- cxi).

[2] Ver Biord Castillo (2018 a, b, c).

[3] Ese documento permanecía inédito en el archivo Arquidiocesano de Caracas y fue transcrito y publicado por Mestas (2021: [93]-104).

[4] De igual manera, la identificación de los rasgos iconográficos es un elemento importante para afianzar la identidad de esta manifestación religiosa y deslindarla de la homónima de Guanare.

[5] El misionero jesuita Felipe Salvador Gilij (1965 III) documenta en su obra Ensayo de historia americana tales prácticas.


domingo, 19 de diciembre de 2021

La región Centro-Norte y el llano central en la visión historiográfica de Lucas Guillermo Castillo, Por: Horacio Biord Castillo

 

La región Centro-Norte y el llano central en la visión historiográfica de Lucas Guillermo Castillo Lara

 

Horacio Biord Castillo



Lucas Guillermo Castillo Lara (San Casimiro, estado Aragua, 23 de junio de 1921 – Caracas, estado Miranda, 15 de diciembre de 2002) legó a la posteridad una vasta obra de investigación histórica, especialmente referida a pueblos y regiones de Venezuela. Dedicó gran parte de su trabajo investigativo a la historia de la región central de Venezuela, desde la costa hasta el llano guariqueño. Estados como Aragua, Miranda, Guárico, Carabobo, el actual Distrito Capital y parte de Vargas (La Guaira) fueron ampliamente estudiados en su obra histórica.

Al estado Aragua, su tierra natal, dedicó importantes estudios como San Casimiro de Güiripa. Crónicas de la sangre y el recuerdo, uno de sus primeros libros. Trata sobre San Casimiro y el terruño familiar de Güiripa, sus orígenes, su devenir social, su economía y actividades productivas, las tradiciones, los recuerdos y valores familiares.

El volumen Materiales para la historia provincial de Aragua constituyó su trabajo de incorporación como individuo de número a la Academia Nacional de la Historia en 1977. Es importante acotar que el discurso leído en esa ocasión y que viene a ser como la introducción al libro constituye una hermosa reflexión sobre el valor de la historia local y regional que con frecuencia es tenida como menuda y exigua y, en no pocas oportunidades, también como irrelevante.

En ese texto seminal, Lucas Guillermo Castillo Lara alude a la importancia de dicha historia “pequeña” para la comprensión de la historia más amplia del país. Resalta cómo esa oposición o tensión, para muchos irreconciliable, resulta necesaria cuando sus polos o extremos confluyen de manera enriquecedora. En un extremo estaría la llamada “historia nacional”, presentada muchas veces como visión excesivamente sintética, centrada en sucesos militares y políticos, y que fundamenta la “historia oficial” y sus versiones escolares. En el otro extremo, se situaría la historia local y regional.

Asimismo Castillo Lara aborda los aspectos emotivo y afectivo de la historia local y regional que contribuyen a la construcción, fortalecimiento y ampliación de las identidades. Por decirlo en términos coloquiales, lo grande se refleja en lo pequeño y lo pequeño deja su huella indeleble o impronta en lo grande, por más reducida que sean sus dimensiones. El trabajo del analista, del historiador o intérprete de los hechos sociales, es precisar esas interacciones no siempre visibles para la mirada lega o apresurada.

Ese discurso es digno de ser revisado y analizado, releído con especial énfasis en estos tiempos de sentimientos encontrados en torno a la venezolanidad. Más de cuatro décadas después de haber sido escrito, ese texto nos convoca de nuevo como estudiosos del pasado y como personas o ciudadanos a volver sobre los orígenes que explican nuestro ser individual y social. Se trata de una mirada que nos permita no solo explicar fenómenos en cierta medida ajenos o distantes del yo cognoscente sino entender-nos y reconciliar-nos con nuestras profundidades sociohistóricas y culturales.

Castillo Lara luego escribiría los dos tomos fundamentales sobre San Sebastián de los Reyes y la proyección colonial de ese poblado que abre las puertas al Llano y que durante la época colonial tuvo una gran relevancia. Su jurisdicción llegó a abarcar hasta las orillas (el Costo como lo llaman sus pobladores) del Orinoco.

De especial trascendencia es el estudio sobre Maracay en la época colonial que contribuye ampliamente a entender la consolidación de la ciudad hasta convertirse no solo en capital del estado, sino en asiento del poder en la época gomecista. Siguen también la historia de Camatagua y Carmen de Cura, poblaciones agrarias del sur aragüeño, y una investigación sobre el devenir histórico de Barbacoas de los Llanos, que perteneció al Guárico hasta la tercera década del siglo XX cuando se cambiaron los límites estadales para compensar la cesión de San Juan de los Morros al Guárico, tras mudarse la capitalidad de Calabozo a San Juan. Cierran estas investigaciones sobre el pasado aragüeño los dos tomos de Nortemar aragüeño que reconstruyen la historia de los pueblos del litoral de Aragua.

A las publicaciones anteriores se suman el trabajo sobre La Victoria, importante centro urbano de Aragua, actualmente el segundo después de Maracay, y los opúsculos dedicados a Choroní y la capilla de El Loro, caserío agrícola próximo a San Casimiro, y Villa de Cura. Destaca también el estudio sobre el general Antonio Valero de Bernabé y su gesta libertaria que proporciona importantes datos sobre la historia regional de Aragua, a la vez que desvela redes de parentesco e información genealógica de gran valor sociohistórico.

En el género biográfico, son de resaltar las biografías de los ilustres próceres aragüeños y, en especial, los de San Sebastián de los Reyes. Esas semblanzas rescatan vidas de personajes muchas veces injustamente olvidados e ilustran diversos aspectos de la vida provincial en la época de la Independencia.

Al Estado Miranda, al que estuvo unido por fuertes lazos personales y en el que vivió gran parte de su vida, le dedicó Castillo Lara uno de sus primeros libros en 1970, titulado Una tierra llamada Guaicaipuro. Apuntes para el caminar de siete pueblos, tres libros sobre Barlovento: uno consagrado a sus orígenes coloniales, otro a Juan Francisco de León y los isleños o canarios y, el tercero, a la historia de Curiepe. También destaca un trabajo sobre Guarenas, un ensayo sobre Ocumare del Tuy y un artículo referido a San Diego de Los Altos, la fundación del pueblo y la erección de la parroquia eclesiástica.

En relación al estado Miranda, hay que añadir también algunas páginas dispersas de evocación de Los Teques y de figuras entrañables para el cariño familiar como el padre Isaías Ojeda, sdb, primer director salesiano a partir de 1935 del Liceo San José de Los Teques, donde estudió el autor. El libro Cien años de la raigambre salesiana en Venezuela también aporta datos valiosos sobre la obra de los salesianos en los estados Miranda y Carabobo y en Caracas.

En relación al Distrito Capital y la ciudad de Caracas, deben citarse en primer lugar los tomos relativos a los mercedarios y la vida social de Caracas en el siglo XVII y XVIII y también el libro sobre las aventuras de Ruy Fernández de Fuenmayor, más el discurso con motivo del bicentenario del Libertador. Dichos aportes contribuyen a delinear mejor la comprensión histórica de la región Centro-Norte. A ello se suman un trabajo de corte monográfico como lo son el estudio sobre el Panteón Nacional y la biografía de Bolívar, con interesantes datos sobre la niñez y la juventud del Libertador y su actuación anterior a 1810. En conjunto, esos trabajos enriquecen la historiografía mirandina y caraqueña.

Al estado Guárico le dedicó en 1975 la historia colonial de Calabozo, con el hermoso subtítulo de “el derecho de existir bajo el sol”, y luego la historia de Guardatinajas, población llanera cercana a Calabozo. Se debe añadir que en el libro dedicado al centenario de la diócesis del Zulia aporta datos de gran valor, explicaciones y reflexiones sobre la creación de la diócesis del Llano, hoy arquidiócesis de Calabozo y su amplia jurisdicción inicial.

A Carabobo, por su parte, Castillo Lara le dedicó una evocación de Puerto Cabello, lar nativo de su esposa, Lilliam Brandt de Castillo, y un trabajo sobre la batalla de Carabobo (24 de junio de 1821). En su biografía de monseñor Francisco Iturriza Guillén, sdb, segundo obispo de Coro y su antiguo profesor en el Liceo San José, aporta diversos datos sobre la Valencia nativa del obispo salesiano que iluminan aspectos de la vida social de la capital carabobeña a finales del siglo XIX y principios del XX. También debe añadirse la biografía de José Laurencio Silva, nativo de El Tinaco, estado Cojedes, población cercana a Valencia.

La obra historiográfica de Lucas Guillermo Castillo Lara emerge como una contribución al estudio de la historia regional y local de Venezuela, en especial de dos regiones: los Andes tachirenses y la región Centro-Norte de Venezuela. A ello se sumarían algunos aspectos temáticos, como la historia eclesiástica, la biografía y la historia colonial, hoy un tanto desatendida ante el urgente interés que ha concitado entre los estudiosos la comprensión, fundamentalmente, del devenir político venezolano en el siglo XX y los procesos iniciados en el siglo XIX con el establecimiento y los intentos de consolidación del estado nacional venezolano.

Quisiera destacar dos aspectos: el primero es que el conocimiento personal que tenía Lucas Guillermo Castillo Lara de la región Centro-Norte de Venezuela, de sus pueblos y caminos, de sus gentes, de los recodos de su geografía e historia, a lo cual se suman la historia oral y las tradiciones, le permitió construir el monumento historiográfico que es su obra sobre esta importante región del país. Si bien, los estudios de pueblos y ciudades llaneras se saldrían un poco del ámbito físico de la región Centro-Norte, no es menos cierto que dichas poblaciones estaban y están activamente conectadas con la región Centro-Norte. Si trazamos unas líneas desde Puerto Cabello hasta Cúpira (estado Miranda, en la frontera casi con el estado Anzoátegui) y desde allí hasta Calabozo y desde allí nuevamente hasta Puerto Cabello habremos delineado un gran triángulo que comienza con el Llano y termina con la costa del mar Caribe. La contribución de Castillo Lara para la comprensión de ese gran triángulo y sus procesos sociohistóricos es fundamental.

El otro aspecto está relacionado, precisamente, con ese conocimiento e identificación del autor con la geografía y los pueblos y ciudades estudiadas. De ese amor, de esa identidad con la tierra, nació una pasión por introducir y ofrecer sus hallazgos históricos con breves y evocativas palabras de gran lirismo. Ese canto, esa celebración de la tierra y sus habitantes, enaltece el trabajo del historiador y lo aproxima al “color local” en la expresión del poeta e investigador. Se muestra más nítidamente en ese estilo al historiador que también era cronista, como lo fue de su natal San Casimiro.

Sirvan estas reflexiones de homenaje al doctor Lucas Guillermo Castillo Lara, mi tío y padrino, en su año centenario.

 

Lechería, estado Anzoátegui, a 25 de octubre de 2021.

 

Horacio Biord Castillo. Laboratorio de Etnohistoria y Oralidad. Centro de Antropología. Instituto venezolano de Investigaciones Científicas. Dirección electrónica: hbiord@gmail.com

 

Nota: Deseo agradecer el estímulo y apoyo de Gisela Pastori y César Ortega Silveira para escribir esta ponencia en momentos de dificultades y convalecencia. Sus palabras me animaron e incitaron.

 


miércoles, 21 de octubre de 2020

Langostas, peste y sequía. Recuerdos de Los Altos, estado Miranda (1914-1926) Autor:Horacio Biord Castillo*


Don Fermín Rojas fue un ensalmador y sabio de Guareguare, estado Miranda. Vivía en un sector llamado Guareguarito, cerca de La Fila, a medio camino entre San Diego de Los Altos y Paracotos, en el municipio Guaicaipuro del estado Miranda. Don Fermín era, entre otras cosas, una especie de cronista oral de su pueblo, además de un experto en conocimientos agrícolas y sobre plantas medicinales y farmacopea popular sin que se asemejara a ningún estereotipo de curandero.

Constituía, en verdad, una delicia sentarse a escucharle sus historias, recuerdos y vivencias, la vida cotidiana de aquellos campos a mediados del siglo XX, que él relataba con gracia, detalles y una prodigiosa memoria. La única dificultad para seguir su discurso la constituía el hecho de que él hablaba como si sus interlocutores conocieran tan bien como él los personajes y referentes a quienes aludía. Eran expresiones muy comunes las referencias a la casa de fulano, cuando se murió la mamá de zutana, en tal o cual sitio y quien no estaba familiarizado al dedillo con aquellas personas y sitios se perdía tanto o más que cuando usaba expresiones deícticas: allá, acá, detrás de usted, donde está ese árbol. Era, sin embargo, no solo grato sino sumamente enriquecedor escucharle sus relatos, el recuento de tantos conocimientos, saberes y haceres, la genealogía de los habitantes de aquellos campos, su historia menuda.

Tuve el placer de tratarlo durante los dos últimos años de su vida, entre 2003 y 2005. Iba con frecuencia a visitarlo y a reconfirmar datos orales o documentales que estaba recopilando sobre la historia local, tradiciones, leyendas, aspectos folclóricos o de saberes tradicionales. No pocas veces se nos hizo tarde, no solo oscuro, en el patio de su casa entre un cuento y otro, con una taza de café, una galleta, un trozo de pan o una arepa que compartíamos con gran dicha. La noticia de su muerte me alcanzó estando de trabajo de campo en comunidades kari’ñas de la Mesa de Guanipa, en el estado Anzoátegui, en febrero de 2005.

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(*)Laboratorio de Etnohistoria y Oralidad. Centro de Antropología. Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas. Dirección electrónica: hbiord@gmail.com

Poco antes de viajar lo había visitado y ese día, sin que yo presintiera o sospechara nada, su memoria se abrió como nunca y me empezó a relatar historias, a contarme leyendas, a abrirme de un solo golpe, por decirlo así, la riqueza de su corazón y sus saberes. No había llevado mi libreta de campo, pues solo había pasado un momento a despedirme de él y a decirle que, a mi regreso, hacia marzo, lo volvería a visitar. Él seguía impertérrito, oídos sordos a mis declaraciones, contándome sin parar una cosa y otra. Al llegar a mi casa anoté, al menos esquemáticamente, algunos de esos cuentos, entre ellos una leyenda relativa a Bolívar y su madre, para que me sirvieran de recordatorio cuando regresara de mi viaje y lo pudiera entrevistar con calma. Octogenario, con la sonrisa de un niño amable, con la fuerza de un adolescente, con la certeza e íntima convicción de quien sabe lo que hace y cómo y por qué lo hace y la humildad del conocedor de sus materias, don Fermín era un verdadero sabio. No se escandalizaba por nada y ningún tema era ajeno a sus reflexiones.

La llamada de Denys Revete para informarme del fallecimiento de nuestro común amigo me embargó de tristeza en medio de aquellas sabanas de la Mesa de Guanipa. Desde entonces he sentido una gran sintonía con don Fermín, con sus enseñanzas y recuerdos.

Él me hablaba, haciendo referencia a los alrededores de su casa, una hermosa construcción de bahareque y tejas, ya un poco afectada por el paso del tiempo, de una gran sequía que arruinó el otrora entorno boscoso de la vivienda. Él era joven cuando ocurrió aquello. Me decía que habían transcurrido tres años sin que lloviera ni una sola vez y esa sequía tan fuerte arruinó la vegetación, que como un hermoso vergel, circundaba la casa. Árboles frondosos, especies frutales y ornamentales se secaron y nunca más crecieron, me decía. No era fácil concretar la fecha. Pude simplemente establecer que había ocurrido después de la peste, nombre con el que en muchos lugares se designó a la epidemia de gripe aviar que conocemos como “gripe española”.

Años después logré precisar que en la segunda mitad de la década de 1920, entre 1925 y 1926, había ocurrido un meganiño, es decir, una sequía muy fuerte, quizá una de las más severas de la primera mitad del siglo XX. Los recuerdos de esa sequía los recoge, ficcionalizándolos, Rómulo Gallegos en su novela Cantaclaro. La sequía había ocurrido justamente siete años después de la gripe española, pandemia que se inició en 1918. Pocos años antes, en 1914 hubo una invasión de langostas (insectos ortópteros de la familia Acridoidea). La plaga de langostas devastó los cultivos de muchas zonas de la Cordillera Central de Venezuela, en especial en Los Altos del estado Miranda, por lo que la gobernación de dicha entidad federal tuvo que destinar ayudas a los pequeños productores que habían visto arruinados sus conucos y siembras. Poco después llegó la gripe española que obligó, en algunos lugares, a abrir cementerios provisionales porque resultaba un esfuerzo muy grande trasladar los cadáveres hasta los camposantos municipales y, luego, transcurridos apenas siete años, se produjo la gran sequía. Pude recoger testimonios sobre los efectos de esa gran sequía en la cuenca del río Unare, en el estado Anzoátegui (cerca de San Pablo de Azaca, municipio Cajigal).

Esos eventos constituyeron un duro golpe para los agricultores locales. En mi memoria familiar se guardan testimonios de los efectos de la crisis económica de 1929 sobre los productores de café en la zona central de Venezuela, especialmente en el sur del estado Aragua, cuando ya empezaba el petróleo a desplazar a los productos agrícolas y, en especial, al café y el país agroexportador se preparaba para abrirle las puertas a la Venezuela petrolera. No sé si, además, estos tres sucesos tuvieron también alguna incidencia en esa debacle económica para los productores agrícolas y que a mi familia, por ejemplo, afectó fuertemente y de la que nunca logró recuperarse.

No se trata, por supuesto, de eventos que guarden entre sí una relación de causa-efecto, pero cuando leí recientemente en la prensa noticias sobre invasiones de langostas en África durante la pandemia del covid-19, recordé los testimonios de don Fermín. Que su memoria nos siga alumbrando y el ejemplo de personas como él nos animen a salir de las dificultades que agobian a Venezuela…


Bibliografía mínima: Biord, H. 2003. Rastreando los orígenes indígenas de una población campesina: Guareguare, estado Miranda, Venezuela. Tierra Firme (Revista de Historia y Ciencias Sociales, Caracas) N° 83: 291-302; Biord, H. 2004. Historias del Niño Jesús en Guareguare: un enfoque etnohistórico. En Religión e investigación social. Memorias IV Jornadas de Historia y Religión. Caracas. Universidad Católica Andrés Bello / Fundación Konrad Adenauer Stiftung, pp. [99] – 112; .Biord Castillo, H. 2007. Los embates de la urbanización: tradición, modernidad y memoria oral en Guareguare (estado Miranda, Venezuela). Boletín del Archivo Histórico Arquidiocesano de Mérida Nº 27: 81-95; Biord Castillo, H. 2016. Humo y sequía en el Llano: Gallegos y Cantaclaro. Publicado en El Estilete (periódico digital no disponible, Caracas); Foghin-Pillin, Sergio. 2015. La Venezuela meteorológica de Rómulo Gallegos. Boletín de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales (Caracas) 75 (2): 53-74.