miércoles, 7 de abril de 2021

*“LAS HUELLAS DE TUS PASOS”, DE ARÍSTIDES PARRA* *(VOZ VIEJA, VOZ NUEVA)* **Alberto Hernández**

 *Crónicas del Olvido* 


    *“LAS HUELLAS DE TUS PASOS”, DE ARÍSTIDES PARRA* 

 *(VOZ VIEJA, VOZ NUEVA)* 


**Alberto Hernández**


 *Arístides Parra* es un poeta que bebe en el pasado, pero a la vez renueva las imágenes de su pozo interior  en un presente donde el mundo está lleno de una humanidad opacada por el miedo. Antigua voz por el tesoro contenido n su espíritu. Por el sabor del vino entregado en odre curado con palabras. Nuevo porque los temas que lo han angustiado nunca pierden vigencia. Es poeta deun tiempo redivivo, apegado al paisaje de la tierra yerma que lo vio nacer, el llano, que para Parra es un espejismo. En él calza el destino de su escritura, confirmada en la frecuencia de los sueños, la muerte, la soledad. Tres constantes, tres permanencias en cada uno de sus poemas.

Poeta arraigado a sus orígenes, también vestido con la visión castiza de quien tiene en el buen castellano la misión de perpetuarlo.

Más allá de la forma, del esqueleto de la voz, el calaboceño Arístides Parra ha sido propietario de una manera de ocultarse entre la maleza de su silencio. Silencio que también es palabra torneada para decir de ese paisaje que no lo abandona, pero también lugar para el humano ser, desestimado unas veces, aligerado otras.

En nota para presentar “La huella multiforme”, Pascual Venegas Filardo afirmó que ´el octosílabo en la poesía de Arístides Parra cobra un marcado acento nativista, y así, tal vez, la huella lejana que Antonio Machado pudiera haber dejado en el poeta, o los suaves matices de las canciones primaverales de Juan ramón Jiménez…” Venegas Filardo lo emparienta con García Lorca, con toda razón, lo que confirma que Parra abrevó en la poesía española de los siglos XIX y XX. Por supuesto, no deja de decir el presentador que el poeta de Calabozo bebió de la copla llanera, la que aparece y desaparece en la rica fronda de quien hizo de la forma un estado del alma, la cual encuentra vigor en los temas arriba señalados, para concebir un fondo en el que el espíritu del poeta venezolano encontró lugar.

Por eso no sólo la forma acerca a Parra a la poesía española, la dada a la recitación más que a la reflexión. La más sencilla, pero a la vez destinada a crear otros instantes de la imaginación verbal. Arístides Parra encontró –un poco más atrás en el tiempo- filón en Jorge Manrique y Calderón de la Barca. Parte de la muerte que canta Parra está en el mismo sendero anímico de las ´Coplas a la muerte del maestro don Rodrigo´o ´Coplas a la muerte de su padre´, sin desestimar que la elegía albergue en ambos el tono preciso para confirmar la eternidad en la tierra. Y así, ´Camina la vida aprisa/ de muerte, el soplo efímero, el que sigue el curso hacia la mar´.

De Calderón, los sueños, la revelación, la sombra como materia que siempre acompaña: ´Mi sombra y yo llegamos a media noche al pueblo´. 

Dueño de una musicalidad cercana a la del Siglo de Oro, sopesada por la reflexión, Arístides Parra se nos muestra un tanto presocrático, un tanto socrático. El río de Heráclito se confunde con el de Jorge Manrique: la muerte flota en distintas corrientes, en un solo sitio –detenida-, también en movimiento hacia un multiplicado delta de silencios.

Esta capacidad para destacar el fondo del ser, arranca sonidos singulares en la poesía de Arístides Parra. Más allá, repito, de la simple afirmación nativista, encontramos en este arriero de versos, la vitalidad de una herencia, el vigor de un pasado que se hace presente cuando acudimos a la fuente de su origen. Parra es un poeta viejo por la cultura que ha almacenado en su forma de decir, pero es un poeta de estos días por la perspectiva que ha usado para imantar l fondo con temas universales como constantes para crear una asonancia cercana a los sonidos de la tierra, de esta tierra donde la poesía se ha liberado de las formas tradicionales. 

Por eso esta antología, para aquellos lectores que no hayan pasado sus ojos por la poesía de este hombre de carne y palabras, hijo de las calles de Calabozo, nacido en una casa del pueblo llanero que no lo conoce y que quiere verse en las imágenes recurrentemente gustosas y revelarse en este mundo donde no falta el aliento de Francisco Lazo Martí.

Por eso esta antología: servirá de motivación a otros que puedan ampliarla y hacerla más apegada al calor de la tierra nativa y universal.

Voz nueva, voz vieja, una fórmula para saber que el paisaje acumula los temas, los hace más ricos en la medida en que quien lo trabaja haya transitado la rica poesía española, madre de los sonidos de este llano, madre de los pálpitos interiores de un país cuyo horizonte marca el infinito de la imaginación. 


De su poética, he aquí este texto que sintetiza lo dicho anteriormente:


“Decapito el ave que sueño,

lo desplumo,

lo desalo,

le abro el pecho,

le extraigo el corazón, palpitante

me lo pongo en la palma de la mano, iridiscente como gota de rocío

le da luz a la tarde, 

a la mirada de los enamorados,

atrae las mariposas

escapadas de las orugas del cielo

y refleja a Dios entre las nubes

envejecido de eternidad.


Después del acto 

queda el poema:

penetra la noche

la densidad del tiempo

con su elocuencia

de sueño descrito

con rumorosas letras del silencio”

(El poema)


Para el lector de nuevo de Arístides Parra , sobre todo el que acude al paisanaje de los sonidos, , queda el apego a quien desde hace muchas décadas le canta  a Calabozo y al mundo desde el silencio de todos los sueños.


 *(Prólogo a “Las huellas de tus pasos”, antología publicada por el Ateneo de Calabozo, colección Escampos , con el patrocinio del Conac. Impreso en Maracay, en febrero de 2005).*

miércoles, 24 de marzo de 2021

CUATRO POETAS CALABOCEÑOS, Por MANUEL BERMÚDEZ, publicado en la revista Estampas, del diario El Universal, el domingo 26 de febrero de 1995


MANUEL BERMÚDEZ

(Lecturas de Memorias)

"Pienso que una lectura de memoria es el acto de recordar algo que se ha leído hace tiempo o hace poco, sin la presencia del texto escrito.

"De los poetas calaboceños el que más recuerdo es Francisco Lazo Martí, autor de la Silva Criolla y las Crepusculares. Claro. Está ligado al liceo de Apure, donde yi estudié, y el cual lleva su nombre. De la Silva recuerdo de memoria la introducción, muy formal y neoclásica, con "mirto y rosas y pálidos jazmines". También versos sueltos, referentes al verano, la sequía y la trashumancia del ganado. Así como la llegada de las lluvias, época en la que el llano reverdece. Florecer es amar, dice el poeta. Y por allí va desarrollando la esencia de la vida llanera, y la va mezclando a la intimidad de su existencia. De las Crepusculares siempre me acuerdo textualmente de aquella que comienza: "A través del discreto claroscuro/ mirábalo abultar bajo el corpiño/ con la turgencia del anón maduro". Me gusta el juego sintáctico de ocultar el seno de la mujer, objeto amoroso, en el lo, enclítico, del verbo miraba. Así mismo el juego semántico y la forma como reaparece freudianamente en sus sueños, "cada vez que maduran los anones".

De Luis Barrios Cruz no he logrado aprenderme ningún verso completo. Pero sí tengo flashes verbales y metafóricos. Imágenes de la realidad nativa entrelazadas cin giros estilísticos de poetas españoles contemporáneos, como García Lorca, Alberti o Aleixandre. Entre sus romances, Federico García, refiriéndose a una corrida de toros, dice: "La plaza como la tarde/ giraba como un zodíaco"; y encontraba en el pensamiento de los guardias civiles: "una vaga astronomía/ de pistolas inconcretas". Barrios Cruz viaja en "la sombra del avión"; da "respuesta a las piedras", mientras un humo azul sale a buscar un lucero. Barrios mezcla su existencia y su paisaje con reminiscencias poéticas.

A Efraín Hurtado lo conocí cuando dio un curso de posgrado en el Pedagógico. Estaba recién llegado de París. Y andaba inmerso en Althusser y Foucault. "Dios ha muerto!", dijo en un curso de sociología de la Universidad Central. Y los estudiantes creyeron que era el Anticristo. Después Luis Alberto Crespo le publicó unos poemas en el Papel Literario y apareció el llano de su infancia. Nada de Francisco Lazo. Ni de Barrios Cruz. El paisaje volaba en palabras. Era viento que golpeaba unas puertas maltrechas. Atravesaba un espacio y seguía hasta perderse en el infinito. Así mismo se fue. Efraín. Lo leí. Y no sé cómo memorizarlo.

En cambio con el poeta Alberto Hernández empecé a leerlo conversando con él. Habla poco, pero silabea silencios. El paisaje es él. Y lo que escribe es el mundo que ha visto y ha leído. Presentando su última obra en la librería del Ateneo, su amigo, el poeta Crespo, habló de un discurso que está afuera y adentro de una ventana. No es el Jesucristo que se presenta a William Blake en una de sus visiones metafísicas. Pero sí una fotografía del propio Alberto, que aparece en una pestaña de su libro Nortes. Leyendo Nortes. Bestias de supercios y Fragmentos de una misma memoria de Alberto Hernández, he ligrado memorizar que la existencia del poeta se convierte en esencia verbal. Y el paisaje se transforma en escritura. Mientras que la vida no es más que un discurso, donde Dante, Shakespeare, Eliot y Ligia andan de la mano con el lector. Y si a usted, como lector, se le ocurre preguntarme: Bueno, y qué tiene que ver Alberto Hernández con los poetas Lazo Martí, Barrios Cruz y Efraín Hurtado? Me limitaré a responderle que son Fragmentos de la memoria."(*)

(*) Recopilación del Profesor Ubaldo Arturo Ruiz Rodríguez 

jueves, 18 de marzo de 2021

NUESTRO POETA ALBERTO HERNANDEZ RECIBiENDO EL PREMIO DEL CONCURSO DE POESÍA "JESÚS BANDRES" DE LA CASA DE LA CULTURA DE ALTAGRACIA DE ORITUCO. Fecha: 22 de Abril de 1989

RECIBIMIENTO DEL PREMIO DEL CONCURSO DE POESÍA "JESÚS BANDRES" DE LA CASA DE LA CULTURA DE ALTAGRACIA DE ORITUCO. ENTREGA EL PREMIO EL DIRECTOR DE ESA INSTITUCIÓN, RAMÓN ALBERTO MIRABAL.

 Dice Alberto : "Hace muchos años, ese día me acompañaron José Antonio Silva, directivo del Ateneo de Calabozo, y Marcola Hernández, su esposa. Mis muy queridos amigos. Diploma y cinco mil bolívares.